Hace unos días se publicó la noticia del lanzamiento de los Derechos de la Infancia y Principios para Empresas por parte del Pacto Mundial de Naciones Unidas, Unicef y Save the Children. Esta nueva iniciativa establece 10 principios que las empresas deberían seguir para demostrar su compromiso con la infancia así como una serie de medidas para prevenir y gestionar los posibles impactos de sus actividades y relaciones sobre la infancia.

El trabajo se ha desarrollado durante más de un año  y ha estado abierto a la participación tanto de expertos independientes como ONG como empresas.

Los 10 principios (así como las distintas medidas) que se han establecido están relacionados con la protección de la infancia respecto del trabajo infantil, la violencia y negligencia, las prácticas de marketing o el papel de las empresas ante  las emergencias, entre otros.  Además, las medidas que se proponen son aplicables a cualquier tipo de empresa, independientemente del sector, tamaño o localización.

Éste no es el primer intento para que las empresas se transformen en actores de protección y promoción de los derechos humanos; así en los últimos años se han dado diversas iniciativas que pretendía orientar a las empresas, por ejemplo, en temas de salud infantil, o ejemplo del pacto mundial de naciones unidas que incluye entre su temática los derechos humanos, e incluso códigos de conducta para sectores específicos.

Sin embargo todas estas iniciativas tienen poca fuerza. Y es que a pesar de que en todas o casi todas se establece un proceso de seguimiento (vía indicadores o presentación de informes), ninguna de ellas responde a una auditoría externa e independiente que verifique que esos indicadores, que esos informes reflejan la realidad, o mejor, que la realidad de la empresa es la que aparece en sus informes. Y para muestra un botón,  España es el país que más empresas adheridas tiene, y sin embargo en la realidad no es que esas adhesiones hayan tenido un reflejo directo en la mejora de los derechos humanos en España…por lo que algo estamos haciendo mal o no estamos haciendo algo que deberíamos hacer.

Esta nueva iniciativa nace con la pretensión de ser  un instrumento útil  para que las empresas participen y se transformen en agentes activos de la protección y promoción de los derechos de la infancia en sus empresas así como con sus stakeholders. Pero esta determinación puede quedarse en un lema más para el marketing positivo de las organizaciones empresariales porque sigue siendo una guía de aplicación voluntaria sin una verificación real del impacto que tales decisiones tienen sobre los derechos de la infancia en las comunidades dónde la empresa trabaja, con lo que ello conlleva. Y con la posibilidad de que termine convirtiéndose en un “sello” más que cualquier empresa pueda exhibir en su documentación o en su página web sin que exista un trabajo real y un impacto real sobre los derechos de la infancia.

Es una iniciativa que nos parece muy adecuada porque desde SAND creemos que las empresas son y serán un factor clave en la promoción y protección de derechos, a pesar de que nos tememos que seguirá ocurriendo que quienes lo apliquen o lleven a cabo las iniciativas propuestas por esta guía serán aquellas organizaciones cuyas personas ya están concienciadas sobre el tema y que ya llevan un buen trecho del camino recorrido. Para implicar a otras organizaciones empresariales necesitaremos que realmente sea útil para las empresas y que éstas entiendan que es positivo, más allá del marketing, ser un agente de cambio en la promoción y protección de los derechos de la infancia.

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