Hablando sobre la vigencia de los modelos de negocio, los expertos afirman que éstos han reducido drásticamente su eficiencia en el tiempo.. La competencia se adapta, nos copia o nos mejora y si no existía o disponemos de una ventaja competitiva, también somos el blanco con el que competir y al que mejorar, lo cual afectará a nuestra cartera de clientes reales y  potenciales.

Por otro lado, las ventajas competitivas, que son la clave para el éxito de cualquier estrategia de negocio, rara vez lo son mucho tiempo: el mercado, la competencia y hasta las necesidades y gustos de los clientes evolucionan. Además innovar, no necesariamente es desarrollar un producto o servicio disruptor y absolutamente nuevo, las ventajas competitivas no necesariamente implican I+D.

Por tanto la pregunta no es si debo innovar para salvar mi negocio, sino cuándo mi negocio dejará de funcionar como lo hace ahora y qué voy a hacer al respecto. Es una cuestión de tiempo que ocurra.

Disponemos de una certeza, nuestro modelo de negocio dejará de funcionar  ¿Cuándo? Dependerá de algunos factores (presión de la competencia, nuestra capacidad para entender las necesidades de los clientes y traducirlas en la mejor respuesta al precio adecuado,….) Por tanto si tenemos claro que los modelos de negocio no duran lo que duraban antes, ya sabemos que será necesario cambiar algo o preparar una respuesta ante lo inevitable. Llegamos a un primer punto de decisión, podemos hacerlo ahora o esperar a no tener más remedio.

innovationEsta primera decisión la mayoría de las organizaciones, especialmente cuanto más pequeñas son, la toman lo más tarde que pueden y en la mayoría de los casos obligados por las circunstancias  o apremiados por la situación. Al final la dicotomía es clara, distraer esfuerzos y recursos ahora para destinarlos a una actividad que actualmente no aporta valor o enfocarnos en el presente y destinarlos cuando sea necesario hacerlo. En ambos casos, existen pros y contras y una única certeza: será ahora o luego, pero será necesario hacerlo.

Ante esta situación podemos optar por diferentes alternativas que no son excluyentes entre sí. Las respuestas tradicionales más comunes son: orientar la organización hacia nuevos mercados o segmentos,  potenciar nuestra oferta/gama de lo que ya sabemos hacer bien o aprovechar el efecto experiencia para bajar nuestros costes y ser más competitivos en precios. La menos tradicional: reinventarnos.

El papel que juegan los procesos de innovación es por un lado el de favorecer que existan respuestas, aún cuando no existan las preguntas, que sea compartido, es decir  no es cosa de que sólo piense uno o sólo piense quien tiene responsabilidad para hacerlo, sino que lo hagan todos, que existan los canales que permitan que se sume, que se valore la aplicabilidad y que se estime cómo ponerlo en marcha. Gestionarla implica darle un origen, una dirección y un fin: la aplicación y el resultado.

La innovación no sólo está asociada a conseguir grandes cambios, sino a encontrar los cambios que aportan valor, sean grandes o no, que sirvan para competir mejor, buscar nuevos mercados o reinventarnos y tengan aplicación directa o indirecta en mercado.

La mayoría de las organizaciones, especialmente las pequeñas, optan por las opciones más tradicionales, fundamentalmente por algunos mitos y un desconocimiento.

Creemos que la innovación es algo tecnológico, drástico, complejo, caro o que sólo se da en determinados tipos de empresa: gran empresa o empresa productiva.

Desconocemos como aplicar la innovación, como generar procesos que terminen aportando valor interno sin necesidad de generar cambios terminales en nuestra organización y desconocemos cómo resolver esta carencia (la gran cantidad de información poco pragmática disponible no ayuda).

Como hemos dicho, tanto las acciones de competir mejor o ampliar mercado como las de generar nuevas propuestas de valor, no son incompatibles, de hecho es posible que implantar procesos que permitan generar y gestionar innovación nos permitan hacer ambas cosas con mayores garantías y aplicar procedimientos progresivos que permitan filtrar la señal del ruido y destinar el esfuerzo en tiempo y recursos progresivamente, en función de la viabilidad y madurez de las ideas y proyectos (La metodología stage gate es muy útil para este trabajo).

Ante la pregunta inicial ¿Puede salvar la innovación a mi negocio? La respuesta es que lo que va a salvar tu negocio es vender más o mejor que otros y hacerlo rentable y lo que sí puede hacer la innovación es ayudarte a disponer de las herramientas, la visión y la oportunidad para lograrlo.

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