En SAND, desde nuestra experiencia en reclutamiento, acogida, formación y dirección de profesionales para desarrollar la gestión de proyectos o delegaciones, la respuesta es que, normalmente damos más prioridad a los aspectos técnicos, económicos e ideológicos, que al tema de  contexto de desarrollo del trabajo, factor que sí se considera en lo que hace referencia a condiciones (vivienda, gastos…..) usualmente normadas por el estatuto del cooperante, pero  en lo que se refiere a riesgos laborales asociados a la seguridad personal, queda todo en la experiencia, sentido común del cooperante expatriado,  en avisos generales sobre las zonas de peligro o la contratación de seguridad externa en nuestras delegaciones.

Prácticamente todas las ONG disponen de planes de emergencia y de repatriación de expatriados para graves circunstancias eventuales políticas, humanitarias, conflictos armados, desastres naturales, terrorismo, revueltas……pero también, normalmente, su activación, depende en gran medida del criterio del expatriado, que es quien nos traslada la certeza sobre la gravedad de la situación y les puedo asegurar, que alguna vez he  tenido que obligar a alguno a coger un avión, cuando claramente el riesgo era inaceptable.

Pero más allá de los planes de acción para estas circunstancias generales, solemos olvidar el problema puntual: salvo en zonas de conflicto o campos de refugiados, nuestros expatriados son, para las personas locales, personas privilegiadas que vienen temporalmente de otro mundo , comparativamente con altos salarios, con seguros médicos  inalcanzables para ellos y sus familias, que viven en zonas seguras y disponen de todo tipo de medios para realizar el trabajo. Y lo cierto es que nos preocupamos de reclutar, formar y gestionar a estos equipos, pero tendemos a dar por sentado que las condiciones de seguridad son las que son, que son asumidas por todos y que van incluidas en el paquete de desarrollo del puesto.

La sensación es que, por regla general, no existe una consciencia del peligro de seguridad, que representa esta situación de los cooperantes, en los países en los que trabajan.

Entendemos que dos factores determinan este hecho, por un lado no existen ofertas formativas (sí para el sector privado) que permitan preparar a los expatriados para mantener ciertas condiciones de seguridad y en segundo lugar todavía existe en el sector cierta percepción de un mundo desigual e injusto, con una clara división entre bueno y malos,  que entiende las acciones violentas como respuesta a una situación de necesidad más que a objetivos políticos o meramente delincuencia y que coloca a los cooperantes, por su trabajo y vocación, en el lado “bueno” con cierta inmunidad respecto a riesgos de seguridad, en estos países.

Lamentablemente, da la sensación que la división entre los que ayudan y los que no en los países, no está tan clara. Las últimas noticias nos hablan de que el  mundo se mueve con claves de otro tipo y que los cooperantes  no sólo no son inmunes sino que pueden convertirse en un blanco de objetivos políticos

¿Es posible hacer más de lo que ya hacemos?

Creemos firmemente que cada euro invertido en prevención ahorra miles en costes de reacción ante problemas que a  posteriori, descubrimos que podríamos haber evitado.

Actualmente, enviamos a profesionales a misiones de mayor o menor duración, que se desarrollan en países en los que la situación económica o interna del país, plantea situaciones de inseguridad y riesgos personales. Debemos tener en cuenta que no estamos enviando turistas, sino profesionales preparados para realizar una labor, precisamente en las zonas donde la situación puede ser más difícil o potencialmente conflictiva.

Si bien es cierto que podemos imaginar algunos de los riesgos y que podemos establecer a priori las zonas más conflictivas, no es menos cierto que normalmente no se suele aportar nada en materia de prevención, que permita a nuestros profesionales, optimizar su seguridad en esos entornos.  No podemos anticipar todas las situaciones de riesgo, pero con la formación adecuada, si podemos reducir esos riesgos.

Es cierto que la prevención tiene costes, sin embargo,  ¿son los euros lo más importante cuando trabajamos con personas?.

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