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Todos los emprendedores, sean start ups o emprendedores sociales y aporten un producto, una plataforma o un servicio, parten de  una hipótesis de base. Esta hipótesis es que una idea de producto o servicio va a aportar valor a un grupo de clientes y que éstos la van a comprar porque les resuelve un problema, una necesidad o simplemente una moda. A esta idea le suman una serie de conocimientos técnicos que les permiten desarrollarla y con poco más están listos para empezar.

No existe ninguna certeza de que va a funcionar, es un acto de fe, el resto es incertidumbre pura. Para reducir esta incertidumbre y pasar de la fe a los hechos, se puede recurrir a cuatro opciones:

  1. Alguien que haya pasado por el mismo trance y haya conseguido éxito, es lo que podríamos llamar acudir a mentores de éxito o a  alguien que sea reconocido por sus conocimientos o experiencia específica.
  2. Conseguir contenidos  y formación de algún proveedor para cubrir las posibles carencias de cara a preparar una salida a rondas de inversión o a mercado. Es decir incubadoras, aceleradoras o programas de formación de escuelas de negocio
  3. Los dos anteriores.
  4. Usar la metodología de ensayo y error

Que alguien haya pasado por tu situación y que las decisiones que tomó fueran adecuadas, no las hace extrapolables a cualquier proyecto. La oportunidad del momento, los encuentros inesperados con socios o inversores que creen en el proyecto, la aparición de factores coyunturales como viralidad inesperada, modas…..pueden influir en la consecución del éxito. Son muy útiles cuando lo aprendido es aplicable a la forma de reducir la incertidumbre, por ejemplo en el modo de construir los indicadores que te aportan la información relevante para la validación de hipótesis, construcción del mvp o para pivotar si es necesario o en la validación del motor de crecimiento. Es cierto que el asesoramiento de mentores de éxito es útil por su experiencia y por un cierto efecto sobre inversores, pero finalmente, ni se juegan su dinero, ni todo es exportable.

Los modelos de negocio de las incubadoras y aceleradoras requieren de retorno rápido y máxima standarización para contener los costes en el presente,  ya que el ingreso, la mayoría de las veces, es diferido al futuro del proyecto. Por lo que es importante que maximicen su intervención y por ello van a centrarse en pocos proyectos y a escoger los proyectos que más rápidamente parezca que van a dar retorno.

El método de ensayo y error, es una parte importante del método científico, es la base del método lean y el mejor modo de adecuar la idea y el producto a los clientes potenciales. Es secuencial (es importante no pasar de fase hasta validar, olvida la intuición), necesitarás recursos para los ensayos y cambios y por encima de todo necesitarás poder contrastar los datos que validas, porque si los indicadores de medida no te aportan la información relevante de tu negocio, nada te garantiza las posibilidades del camino que tomas.

Considerando  la madurez del proyecto y por regla general (siempre hay excepciones):

Aceleración: Suelen tener equipos muy profesionales y específicos. Solo podéis ser acelerados si ya estáis en marcha y facturáis con cierta regularidad. Os aceptarán en la medida que vean que es posible hacer que vuestro proyecto crezca y de un salto cuantitativo de ingresos con el esfuerzo que van a  dedicaros (de 3  a 6 meses) y por tanto vais a rendir cuentas en un periodo corto de tiempo.

Si no estáis facturando o creciendo como deberíais o no sabéis porque el proyecto no está dando el retorno esperado, y lo que queréis es soporte para realizar los cambios necesarios, no es esta vuestra opción.

Rondas de inversión: Existen varias redes de business angels (conocemos alguna muy seria y eficaz) en las cuales uno puede presentar su proyecto para recabar financiación y así desarrollar su proyecto, comercializarlo o expandirlo. En teoría no es necesario tener un proyecto maduro, hemos visto desde ideas, proyectos de negocio plenamente funcionales hasta empresas ya facturando que buscan levantar capital para crecer o expandirse. En la práctica, cuando uno invierte lo hace porque espera un retorno con beneficios de esa inversión y cuanto antes ocurra, mejor, por lo que tienen más posibilidades aquellos proyectos que ya facturan y buscan crecer, o de sectores con retorno rápido o muy dinámicos o que controlan una patente, tecnología o medio potencialmente trasladable a negocio con cierta rapidez.

Si tu proyecto no es rompedor, no está muy bien armado a todos los niveles (business plan, segmentación cliente, análisis competencia y crecimiento….) y no manejáis el lenguaje de los inversores (fundamentalmente financiero), ésta no es vuestra opción.

Incubación (no incluidas las grandes fundaciones que escogen por criterios propios): Acogen proyectos desde la idea y te dan hasta un espacio físico, entre otras cosas. Pero el volumen de horas que deben dedicar para poner a punto un proyecto hace que sus costes de operaciones se disparen y que solo puedan acoger pocos proyectos al año y que estandaricen contenidos, por lo que priorizan proyectos de alta probabilidad de rentabilidad (suelen cobrar en el futuro, normalmente una participación sobre la compañía) y su efecto es muy local. Si tu negocio ya está en marcha o quieres crecer o levantar capital o tiene altos costes de operaciones o de inversión para operar, esta no es tu opción.

Mentores o consultores artesanos: Todos suelen ser muy potentes, se dedican full time a un proyecto durante un tiempo, son selectivos y exigentes en lo que debéis hacer y su valía tiene un coste (no suelen ir a riesgo empresarial), pagas vaya como vaya.

Y lo más importante, si no os aceptan o escogen en alguna de las opciones, no penséis que el proyecto no es bueno o que no va a funcionar al menos hasta que lo probéis o validéis,  existen otras opciones para reducir la incertidumbre y para que podáis acceder a recursos y análisis para fortalecer el proyecto en su avance hacia el mercado o para pivotar si es necesario.

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