Cuando en el año 2000 la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Declaración del Milenio resultó tremendamente novedoso porque, por primera vez, se proponían unas fechas para la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM); el año meta 2015, quedaba muy lejano.

Hoy, día internacional de la alfabetización deberíamos preguntarnos, ¿realmente creemos que a escasos 4 años de que se cumpla la fecha establecida se va a lograr que los niños y niñas de cualquier parte del mundo, sean capaces de completar un ciclo completo de enseñanza primaria?

 Lo deseable sería que los esfuerzos (principalmente económicos) de todos los Gobiernos firmantes de la Declaración del Milenio (189) fueran encaminados a lograr esos 8 objetivos, cuya consecución traería mayor justicia social, igualdad y oportunidades para todos, sin embargo ¿están los Gobiernos por la labor? Cuando conocemos la cantidad ingente de recursos económicos que se han destinado para salvaguardar los sistemas financieros de los países dados en llamarse “desarrollados”, no cabe más que preguntarse: qué resulta más rentable ¿conseguir que todos los niños y niñas puedan tener acceso a un ciclo completo de enseñanza primaria o salvaguardar los intereses económicos de unos pocos para que éstos puedan seguir acumulando más y más poder? ¿Son los Gobiernos libres para poder dedicar los recursos económicos necesarios a aquellos compromisos internacionales adquiridos?

 Cuando la inversión en educación se emplea como moneda de cambio para dar tranquilidad a los mercados financieros, ¿se puede decir que realmente existe compromiso por parte de los Gobiernos? A los hechos me remito: esta semana se han anunciado nuevos recortes en educación aquí para tratar de moderar el gasto público.

 Debemos empezar a ver la educación y el acceso a la misma como una inversión y no como un gasto.

 Dedicado desde SAND a todos aquellos que trabajan por y para la educación.

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